CLUB EN RUTA
miércoles, noviembre 08, 2006
jueves, octubre 26, 2006
RUTA DE LA MUELA DE LA MADERA
30 de septiembre de 2006
Los madereros:
Fito, Salva, Abel, el Presi, José Antonio, Pablo, Quique, Angel, Asun, Jorge Jurado, Julián, Alberto, Juanito, Félix, Nacho Cañizares y Raúl Ortega.
Cómo nos fue:
Congregados en la Plaza de Las Majadas los 16 nombrados, damos la bienvenida a Alberto, un nuevo compañero de fatigas que, por su afición a la escalada, ha caído por tierras conquenses, concretamente a Valdecabras.Juanito ha quedado con unos amigos, alojados en unas cabañas del pueblo, para dar una vuelta en bicicleta. Como hay algunos verdes en esto de la BTT, les ha dispuesto otra variante a nuestro recorrido. Luego os cuento la que les hizo el descabellado.
Salimos de Las Majadas por el GR 66 en busca de Los Callejones. Un breve recorrido circular para volver a maravillarnos con la magia de estos pedrolos y conectamos con el Picón del Tío Cogote por una senda escondida que se abre camino a través de un denso pinar. Ya en este fantástico balcón a la Hoz del Júcar y al Puente de Royo Frío, coincidimos con el grupo de Juanito que han hecho esta primera parte por carretera
Mar de Piedra de Los Callejones
Un breve vistazo al panorama y continuamos nuestro camino hacia otra de las muchas atalayas y miradores que se irán sucediendo en el recorrido, el Picón de Royo Frío. Las fantásticas vistas serán la recompensa a una durísima rampa donde los auténticos escaladores, como Julián, nos muestran su pericia al asaltar esta pared del 30%. A nuestros pies, de nuevo el Puente de Royo Frío y al noroeste, en la lejanía, Las Majadas por el Barranco del Molinillo.
Pino sobre roca en el Picón de Royofrío
Asun en un incomparable mirador a la Hoz del Júcar
Una senda rápida y trialera nos asoma a Las Catedrales, donde todo es vertical. La parada es obligada y es un placer contemplar el vuelo de los buitres sobre nuestras cabezas.De nuevo en subida, por El Buitrino, llegamos al Puntal de San Roque, sobre la vertical de Las Coronillas. Ya se domina, desde este mirador, Uña y su laguna y La Modorra que esconde la Cola del Boquerón del Embalse de La Toba
Sendeando hacia Las Catedrales
Buitres posados en Las Catedrales
Puntal de San Roque sobre Uña y su laguna
Se reponen fuerzas antes de comenzar la larga subida hacia El Maíllo y optamos en esta ocasión por el Barranco del Socarrado, tras otra parada en el Rincón de Uña, sobre su famosa Piscifactoría.
Ahí estoy sobre el abismo delRincón de Uña
La ascensión es muy suave y de fácil rodar, opción más deleitosa ésta del Socarrado que la de la Barbarija que presenta tramos más técnicos y por la que nos decantamos cuando hacemos el recorrido en sentido contrario.
Tras unos placenteros kilómetros, cruzamos la carretera de Las Majadas y el Cruce de los 24 y la umbría da paso a un terreno más descarnado y abierto, dominado por sabinares y pedregales. Siempre en terreno ascendente, seguimos hacia el Cerro Candelar y El Maíllo donde tantas veces hemos sido testigos de la berrea. Desde nuestra atalaya, en la cornisa de la roca, algún ciervo se deja ver en su huida al percibirse de nuestra presencia, mientras abajo en el valle unas vacas pacen y descansan sobre el manto verde.
La prohibición del paso de vehículos por el Maíllo le está sentando bien y va recuperando poco a poco su aspecto original, aunque todavía presenta profundas roderas de los que hacen un uso inadecuado del 4x4.
Ángel recolectando setas de cardo sobre El Maíllo
Las ganas de pucherete avivan el ritmo en la Pista Forestal de la Sierra del Agua y la armonía del grupo se rompe hasta llegar a la carretera del Hosquillo junto al Camping. Sirve este acelerón para desfogar y después del reagrupamiento, llegamos a Las Majadas donde nos apresuramos a aprovisionarnos de rosquillas de aguardiente, mantecados y tortas de aceite hasta vaciar las existencias de la panadería.
Cañas y refrescos, en el Restaurante Los Callejones, matan el hambre mientras Antonio Usero, buen amigo que maneja a la perfección las artes culinarias, se apresura en ir vaciando el comedor para dejarnos un hueco y entre cacahuetes y olivas, nos reencontramos con el grupo de Juanito que todavía no se ha recuperado del rutón que les ha preparado. Pobrecillos. Siguieron nuestros pasos hasta el Rincón de Uña pero no se le ocurrió otra cosa que despeñarlos por El Escalerón (muy guapo, sí, pero territorio descender de lo más trialero no apto para iniciados). Después de vadear el Arroyo de la Madera y tras unas rampas de mucha pupita, una subida con la bici al hombro por el GR 66 y uno de los pocos pasos en la roca por los que se puede acceder sin cuerdas a los picones. Qué planitos tenían que ir y cómo te tenían que pitar los oídos por esa zona. Seguro que todos te tenían en sus mentes retorciéndote el pescuezo.
Menos mal que Antonio tiró de Pucheretes y eso levanta el ánimo a cualquiera.
A la salida del restaurante nos despedimos y nos citamos para el siguiente domingo con un menú de lo más sugerente: El Cerro Aneto y La Loma del Escalerón.
Hasta entonces.
jueves, septiembre 28, 2006
RUTA DE LOS TRES REINOS24 de septiembre de 2.006
Los reyes y la reina:
Don Pablo el rey , don Julian de Beamud, don Juan Monte , don Fernando el Cañetero, José Ramón el Posadero, don Ángel y doña Asunción marqueses de Vellisca y yo, Pablo el Cronista.
Cómo nos fue:
Cayendo agua a rajas y vistiéndome para la ocasión con las mejores galas, telefonazo a Fernando y parte meteorológico.
Buenas Nuevas. El reino de Cañete está despejado. Animo a los interesados contestando sus sms y quedamos a las 8 en punto en el Puente de San Antón. Bajo la lluvia, cargamos las bicicletas en el carruaje y ponemos rumbo a Cañete donde se incorporan dos caballeros (Fernando y José Ramón) hacia el frente de batalla: Salvacañete.Después de sonsacar información del enemigo (los toros de Tórmeda) a las gentes del lugar, partimos en busca de la Hoya del Peral.
Subiendo a la Hoya del PeralImpresionante es el Barranco de las Ratas y siempre subiendo, llegamos a esta pequeña aldea rodeada de piedras y fósiles. Una pareja de venerables charlan animadamente con nosotros y nos indican el camino bueno para subir a la Cruz de los Tres Reinos, antiguamente punto de intersección entre los reinos de Castilla, Aragón y Valencia.
Fuerte rampa final para coronar este punto desde donde iniciamos un vertiginoso descenso por el Barranco del Sordo hasta Arroyo Cerezo, ya en tierras aragonesas.
Coronando la Cruz de los Tres Reinos
Veguillas de la Sierra desde la Rambla de la Cueva
Refugio de piedra camino del Barranco del Sordo
Camino de Arroyo Cerezo por el Barranco del Sordo
De nuevo hay que forzar las monturas exigiéndoles el máximo rendimiento con la subida al Collado de Casa Mojón y de nuevo caída rapida hasta las estribaciones del Cerro El Cabezo al que nos disponemos a subir, al principio por asfalto y después por camino. En el alto saludamos al muchacho encargado de velar por los bosques desde su torreón y tras pasar algo de vértigo en la almena y sin dejar de descender, cogemos el Barranco del Nogueral que hace justicia a su nombre por el gran número de nogueras que protege y cuyas nueces caídas en el suelo crujen a nuestro paso. El largo barranco nos deja en Vallanca, del reino de Valencia, que se muestra como un lugar tranquilo y silencioso donde, junto al río del mismo nombre, hay dispuestos merenderos y fuentes para el disfrute de lugareños y visitantes.
Ángel y Asun que disimula bien el canguis que tenía en lo alto de la torreta
Como todo lo que se baja hay que subirlo, como siempre pasa en ciclismo, afrontamos una de las ascensiones más largas y continuas que hemos hecho por estas tierras. El terreno duro y pedregoso que nos acompaña en todo el recorrido aumenta la dificultad de la subida, hasta que por fin llegamos al Collado de Tórmeda, de nuevo en tierras castellanas (así lo he bautizado pues en el mapa no figura nombre alguno), desde donde se contempla todo el valle, la Ermita del Santerón, el Rento de Los Callejones y los temibles toros pastando la verde hierba.
Pozo en la subida al Collado de Tórmeda
Mientras bajamos a la vega, todos agrupados y con los ojos bien abiertos, llegamos a la puerta. Por fortuna, el ganado queda lejos y no hay peligro y nuestro camino nos lleva por otros derroteros.
Valle de Tórmeda. No les quito ojos a esos toros del fondo
Y otra vez una nueva y dura subida hasta el Collado de Los Pedernales. Las fuerzas nos van abandonando después de esta sucesión de puertos. Menos mal que sólo nos queda descender a Salvacañete en un rápido descenso.
Coronando el Collado de Los Pedernales
Rodando bajo el Cordel de la Peña de las Cabras cerca de Salvacañete
Como colofón, una buena selección de ibéricos, ensaladas, caldereta y tartas de la casa en la Hostería de Cañete, insistiendo el posadero en invitarnos a estas viandas, que nos reconfortaron después de tamaño esfuerzo en la lucha por salvar esas montañas gigantes por este inolvidable recorrido por los Tres Reinos.
Recuperando fuerzas en la Hostería de Cañete
En agradecimiento sirva este enlace para aquéllos que deseen visitar la Villa de Cañete pues es un magnífico hotel de montaña, en el que César y Valentina siempre nos han hecho sentir como en casa y cuyos hijos, César y José Ramón, son magníficos ciclistas y mejores personas.
http://www.hosteria.com/
Desde aquí, un abrazo para ellos.
Hasta la próxima.
RUTA DE VELLISCA Y LA BUJEDA. FIESTA BTT FIN DEL VERANO10 de septiembre de 2.006
Los velliscanos:
Eduardo Seligrat, Miguel Montero, Carlos Villar, Pablo SER, Abel, Pablo PRESI, Laparra, Javier Rodríguez, Ángel Olmedilla, Asun, Tomás Conversa, Ángel Ortega, Conchi Ureña, Jesús Pastor, Jesús Vicente, Julián Cubillo, Mamen Ureña, Miguel Vicente, Pilar Pérez, Raúl Ortega, Santi Marín y otros amigos de cuyo nombre no puedo acordarme.
Cómo nos fue:
Llegados a la Plaza de Vellisca, comenzamos a preparar las bicicletas y se va congregando un nutrido número de ciclistas que han acudido a esta, podríamos decir, miniquedada que han montado nuestros representantes del club en Vellisca y buenos amigos, Ángel y Asun.
Plaza de Vellisca. Preparando la partida
Tras las presentaciones, comenzamos la ruta con una trialera entre encinas donde, en un escalón, Miguel vuela, sin acordarse de que no tiene alas, y se pega un buen restregón. No ha sido nada y continuamos ruta subiendo por carretera hasta el límite provincial con Guadalajara.
Sendero trialero entre encinas en las afueras de Vellisca
Cogemos el cordel de la Sierra de los Degollados y, como en un parque de atracciones, la loma caprichosa nos lleva por toboganes de los de molinillo. Con los cables tensados al máximo, alguno busca más piñones pero no hay más que 9 y en algunas burras menos. De lejos ya vemos lo que nos espera y las patas se echan a temblar.
Cordel de la Sierra de Los Degollados
Las subidas son terroríficas. Todo un campo de entrenamiento
Estos de Vellisca no han pasado la plancha por aquí. El reagrupamiento en la última ascensión sirve para contemplar en 360º un amplísimo horizonte con las sierras de Cuenca, Guadalajara y Madrid a nuestro alcance y a nuestros pies, el embalse de La Bujeda, donde el pobre Tajo “pierde agua” hacia Murcia y hacia donde nos dirigimos en un vertiginoso descenso por un camino roto que cada vez va poniéndose peor a medida que la pendiente va aumentando. Algún intrépido consigue pasar montado y sin caerse que ya es difícil y así, la compañía toma rumbo a Saceda Trasierra para subir El Portillo donde Carlitos nos lleva con el cuello estirao y las venas hinchás.
La pendiente es bestial. La imagen no refleja la realidad
En el alto la opción trialera del Barranco del Santo divide al grupo y los que optamos por el sendero podemos disfrutar de una entrada a Vellisca tan espectacular como técnica, con escalones de sillín entripao y un roquedo, con el pueblo a la vista, salvado a pie.
Vellisca desde el Barranco del Santo
A nuestra llegada, nos entripamos de agua, pues la jornada ha sido seca y los bidones ya iban caninos unos kilómetros. Menos mal que nuestros anfitriones han dispuesto una primera recuperación de sales con isotónicos y refrescos variados y la fuente-lavadero hace de improvisada piscina.
En el porche del Barbas se han congregado más amigos del lugar que han colaborado en prepararnos buenas viandas. La gran paella es recibida con ovaciones y el pinche, a la postre hermano de Asun, es felicitado por los comensales por el sabor y el punto conseguido. Estos chicos son verdaderos profesionales y se ve que no es la primera vez que se montan un sarao de estas características.
Preparados para la comilona en el porche del Barbas
Esa paella estaba de muerte, chicos
Saciados de todo, Asun nos sorprende con su buen hacer repostero y nos agasaja con unos hojaldres de plátano (especial potasio K), para chuparse los dedos y una tarta de chocolate que recordaba, con dulce letra, el motivo de nuestra reunión ciclista.Cafés y licores cierran esta fantástica Fiesta de Fin de Verano y que a todos nos ha abrumado.
Asun, no hay palabras
Angel y Asun "partiendo el bacalao"
Todos los detalles han sido cuidados con esmero, tanto durante el recorrido en bicicleta, con una organización impecable, como en la comilona posterior.
Amigos de Vellisca,
Gracias por vuestra hospitalidad. Gracias por todo.
RUTA DE PAJARONCILLO Y DESCENSO DEL CABRIEL
30 de julio de 2.006
Los andarríos:
Carlos Villar, Pablo (SER), Fernando (el Cañetero), Javier Turégano y Manolo Delgado (Barcelona )
Cómo nos fue:
Nada más llegar a Pajaroncillo hicimos un nuevo amigo, un córvido juguetón que insistía en picarnos en las zapatillas, cogiendo insistentemente los cordones. Qué curioso, ¿verdad?, un ave de rapiña domesticada por los propios vecinos de un pueblo de tal nombre.
Haciendo amigos en Pajaroncillo
Tras coger agua y despedirnos del bicho negro y ave de mal agüero, partimos hacia la Vega de Las Tajadas. Llegados al río, en la Vega de las Tajadas, el camino se convierte en selva atrapada entre la roca y el río. Son pocos metros pero de machete.
En un maldito peralte pierdo el equilibrio y doy con mis huesos en el suelo. El resultado fue el escacharramiento de mi cámara de fotos. La pobre no pudo aguantar el impacto, así que hasta aquí el documento gráfico.
Abriendo camino en la Vega de las Tajadas
Luchando en la senda invadidaContinuamos la marcha y cruzamos el Cabriel. El calor de la mañana me invita a un baño y me sumerjo en sus refrescantes aguas, sin recordar que llevaba el teléfono móvil en el maillot. Otra baja más. Joder con el cuervo, qué maleficio me ha echado.
Continuamos ruta y tras una infructuosa búsqueda de un camino, que en el mapa nos conducía hacia los abrigos rupestres, optamos por ir por carretera hasta Villar del Humo. Es un desvío casi necesario pues las reservas de agua han mermado considerablemente.
El regreso a Pajaroncillo lo hacemos por Torre Barrachina y por la durísima Loma del Burro que nos da la puntilla, aunque el descenso a Cristinas bien merece la pena.
Llegados a Pajaroncillo, no soy supersticioso pero, si encuentro al pajarraco, lo degüello.
Cañitas con limón y para casa.
viernes, agosto 25, 2006
TRAVESIA DEL ALTO TAJO 2.006
DEL 18 AL 20 DE AGOSTO
Ningún año nos privamos del placer de rodar por el Parque Natural del Alto Tajo y en esta edición hemos buscado la parte más alta de la cuenca, recorriendo parajes que estaban por conquistar y que, por su belleza y espectacularidad, nos quedarán grabados para siempre en la retina.
Los afortunados:
Los Pablos, Miguel Montero, Adolfo y José Antonio (Pérez Team), Eduardo Seligrat, Abel, Salva y Carlos Villar
Cómo nos fue:
Las 4 de la tarde y, puntuales, cargamos las bicicletas en el coche y ponemos rumbo a Tragacete donde ya nos está esperando el Pérez Team.
Aseguramos las sujeciones de las alforjas, comprobamos que portamos todo lo necesario y comienza la aventura.
Para variar, los primeros kilómetros son de subida por una carreterita que ya nos conoce por la cantidad de veces que hemos subido a San Blas. En la fuente del Estrecho cargamos agua y continuamos la ascensión hacia la Peña del Vuelo, de casi 11 kilómetros, desde donde se contempla una magnífica vista de la vega de Tragacete.
Peña del Vuelo, junto a La Mogorrita
El destrozo de una corta reciente nos obliga a descender directamente hacia el valle del Chispo sin pasar por la Cañada Mediana, como era nuestra intención, pero el camino alegre y sinuoso es reconfortante y el atajo nos ha venido de maravilla ya que corremos el riesgo de que se nos eche la noche encima si nos surge algún contratiempo.
En el Puente de Veguillas tomamos el primer contacto con el Tajo. Pobrecillo, la ausencia de lluvia lo ha dejado en los huesos, digo en las piedras.
Mientras el grupo se relaja un poquito junto al merendero, me adelanto unos metros para investigar una conexión hacia la Casa de Valdeminguete por un barranco. Hay una senda que se encajona en un barranco y como el tiempo apremia, decidimos dejarla para otra ocasión, continuando por carretera hasta coger el camino de Valdeminguete, al que accedemos primero por un camino que se pierde en la pradera y después campo a través y que nos deja en plena ascensión al Portillo.
Miguel, haciendo gala de un buen fondo adquirido en el Camino Norte de Santiago, pone un fuerte ritmo en cabeza hasta coronar el puerto. Menos mal que es asfalto porque hay rampas durillas y más arrastrando el peso de las alforjas. A más de 1.800 metros las vistas a ambas vertientes alcanzan decenas de kilómetros y, mientras recuperamos resuello, nos deleitamos con tan espectacular panorámica. Abajo se ve Guadalaviar y hacia allí nos dirigimos a tumba abierta. El cuentakilómetros supera los 70 km/h.
Pasamos por la plaza del pueblo donde hay chiquillería en bicicleta que, curiosos, observan con atención nuestras bicicletas tan aparatosamente equipadas con transportines y alforjas.
Está empezando a anochecer y ponemos rumbo a Griegos a donde llegamos en un santiamén ya que este pequeño tramo de 6 kms es de carretera.
En el pueblo se respira un magnífico ambiente y nos acercamos al Hostal Muela de San Juan a tomar posesión de nuestros aposentos. No hay espacio para dejar las bicicletas pero un lugareño nos ofrece amablemente una cochera cercana.
Nuestra casera cocina para nosotros y mientras tanto aprovechamos su conocimiento del terreno para informarnos acerca del recorrido del día siguiente. Comentamos sobre los mapas el recorrido y nos desaconseja la subida a la Muela por el viejo camino ganando opciones la pista nueva que sube a las instalaciones de esquí de fondo.
Un paseo por el pueblo, exteriores de la iglesia de San Pedro del s. XVI y algunos interiores para degustar “licores digestivos” y a la cama.
ETAPA-2: GRIEGOS – PERALEJOS DE LAS TRUCHAS
(Sábado 19 de agosto – 80 kms)
Tras un buen desayuno y después de estudiar las posibles opciones para el día de hoy, dejamos la ruta abierta con varias alternativas para ir decidiendo sobre la marcha en función de las sensaciones que vayamos teniendo.Nada más empezar subimos por pista hasta el Cerro de Santa Bárbara, en los altos de la Muela de San Juan, donde hacemos el recorrido de esquí de fondo, muy recomendable con nieve por la belleza del lugar.
Después de este pequeño rodeo, bajamos a toda velocidad por el Barranco de las Avellanas en busca de la Fuente del Tesoro y Villanueva de las Tres Fuentes en cuyos prados pasta un rebaño de ovejas con sus corderos recién nacidos. Algunas todavía preñadas se mueven torpemente a nuestro paso ante el inminente parto.
Paraje de la Fuente del Tesoro
Villanueva de las Tres Fuentes
Un camino poco rodado nos sube hacia la Loma del Zorro y tras un rápido descenso, nos presentamos en una cómoda pista que nos lleva hasta el camping de Orea y a un área recreativa con refugio que, por cierto, tenía cristales en las ventanas y además estaba cuidado y limpio, igualito que en los de Cuenca (Pozarrón, Vaquerizas, Halconera,... ¿sigo?).
Cerro de Los Bonetes desde la Fuente del Pajarero
A tan sólo 3 kms de Orea se propone un entretenimiento para ver la Laguna de la Salobreja. Por unanimidad se aprueba la moción (da gusto juntarse con gente que no le hace ascos a los kilómetros extra aunque sean de los de sudar a chorros). La recompensa es descubrir un paraje impresionante, protegido de montañas, con una verde pradera y en medio la laguna que tuvimos que localizar con ayuda del mapa, Al acercarnos, cientos de ranas buscaban refugio en sus aguas y Fito las hizo saltar a base de bien corriendo velozmente por su perímetro. Nos echamos unas buenas risas. El Presi que andaba buscando la laguna en dirección equivocada llegaba también al lugar y auguraba una buena berrea en los alrededores para dentro de un mes aproximadamente.
Subimos un rampón pedregoso para recuperar el camino de Orea y ya con las tripas vacías, las arreglamos con viandas ligeras, propias del verano y adecuadas al ejercicio físico, ó sea, judías y estofado de ciervo.
Paraje de la Laguna de La Salobreja
Dura rampa de regreso de La Salobreja
Camino de Orea Continuamos la ruta y otra propuesta rompe los esquemas ya que la carretera hacia Checa sería todo cuesta abajo, siguiendo el curso del río Cabrillas y el GR-10 es un sube y baja y nada más comer, pues como que la gente torcía un poco el morro, pero, en el momento en el que cruzaba un ángel, alguien dijo la frase mágica: “Yo si vas tú me voy contigo”. Dicho y hecho, ¡a buscar el GR!. La subida con algún tramo técnico es casi toda ciclable y va ganando altura siguiendo el tendido eléctrico y dejando abajo el barranco por el que discurre la carretera. Entre jaras ganamos el collado de la Peña Blanca y el descenso es una delicia. No nos hemos equivocado en absoluto y todos hemos disfrutado de este enlace que ganaba la partida al asfalto.
Ya en Checa callejeamos para conocer el pueblo y charlar con lugareños que siempre aportan buena información. El Arroyo de la Pedrera discurre por el pueblo, antes de desembocar en el Cabrillas, formando cascadas salvadas por puentes y el sonido del agua es relajante.
Checa. De chascarrillos con el abuelo y el nieto
Una nueva alternativa patrocinada por el Presi es aceptada de común acuerdo. Se trata de un pequeño bucle en dirección a Alcoroches hasta la Fuente del Hocinillo y volver a Checa por el camino de La Espineda. También mereció la pena el rodeo.
Camino ya de Chequilla, cuando habíamos parado para reparar un pinchazo de mi bicicleta, pasaron junto a nosotros dos venerables ciclistas en un tandem de carretera con remolque y banderín incluido. Nos saludamos con afecto animándoles su pedaleo y continuamos ruta por las Quebradas. Es un paraje de rocas singulares insólito, tan cercano a Chequilla que, incluso algunas de ellas están dentro de la población. Me ha parecido un lugar encantador, con un aire mágico y misterioso y en mi mente podía ver a antiguos pobladores practicando rituales atávicos ofreciendo sacrificios y tributo a sus dioses.
Banderines y un escenario en la plaza indicaban que el pueblo estaba en fiestas y nos hubiéramos quedado de buena gana, pero nuestro destino era Peralejos de las Truchas, por lo que de nuevo carretera y manta y a rodar esta vez por un fantástico camino acompañados todavía de esas rocas rojizas tan peculiares.
Las Quebradas junto a Chequilla
Atención, vemos que el camino acaba y comienza el asfalto. Ya sabemos el porqué. Lo han asfaltado porque si no sería imposible subir esa rampa ni con un 4x4. El culillo hacia adelante y a apretar los dientes. Qué manera de subir piñones. Todos metiendo hierros hasta no poder más. Bueno, calculo que fueron unos 500 metros infernales y cuando la pendiente baja a registros más moderados, el asfalto termina y volvemos a rodar por camino.Mientras comentamos el susto que nos produjo ver ese pedazo de rampa y rodando ya con más alegría, ¡terror!, vuelve de nuevo el asfalto y vuelve a aumentar el desnivel de forma escandalosa. Me pongo en cabeza y a cada curva le sucedía otra y otra y otra más, y parecía no tener fin. Por mis brazos empezaban ya a discurrir ríos de sudor y es que la subidita se las traía. Y por fin el esperado collado por el que, en dirección noroeste caeríamos a la hoz de Peralejos de las Truchas, ya todo en descenso.
Ruta de las Piedras Rojas. Camino de Peralejos de las Truchas
Buena jornada la del día de hoy y bastante rompepiernas. Buen entrenamiento para lo que se avecinaba al día siguiente.
Vamos directamente a Casa Pura, donde nos adecentamos antes de dar un paseo por el pueblo. Después de todo el día sobre la bicicleta, unas cervezas con limón nos saben a gloria bendita y, cuando la temperatura empezaba a refrescar tras el anochecer, una buena cena en nuestro alojamiento y una agradable tertulia con Alfredo, propietario del establecimiento, que nos contó anécdotas del lugar hasta la hora de dormir.
ETAPA-3: GRIEGOS – PERALEJOS DE LAS TRUCHAS
(Domingo 20 de agosto – 50 kms)
Llegados desde Cuenca, se incorporan a este último día de travesía Abel, Carlos Villar y Salva. Dejamos la hospitalidad de Casa Pura para afrontar un recorrido de gran dureza uniendo los ríos Hoz Seca y Tajo, salvando tres duras ascensiones con sus correspondientes valles y hoces.
Peralejos de las Truchas. Casa Pura
Después de cargar agua en la plaza de Peralejos, toda la que podemos transportar, ya que no habrá agua hasta prácticamente el final de ruta, ponemos rumbo hacia el río de la Hoz Seca salvando un largo repecho con un terreno suelto donde Fito estira al grupo con sus ya famosas salidas fulgurantes.
Saliendo de Peralejos de las Truchas
Las Juntas desde el Camino de la Herrería
Descendemos a la Herrería tomando precauciones por las peligrosas roderas del camino, para vadear el río muy cerca de Las Juntas, donde el Hoz Seca rinde tributo al Tajo aportándole un caudal respetable que le hace merecedor de la categoría de río. Ya sabéis el dicho: “El Tajo pone la fama y el Hoz Seca pone el agua”.
Tras cruzar el río comienza uno de los tramos más esperados del día y todo un reto para cualquier ciclista de montaña, que es la subida a La Campana, con un primer repechón de más de 2 kms al 30%. Creo que es la subida más dura y constante que conozco. Además el terreno suelto y pedregoso no permiten una buena adherencia y hay que trazar bien para no perder el equilibrio. Prácticamente toda la ascensión podemos hacerla montados pero hay zonas de agarre imposible en las que, para salvarlas nos vemos obligados a poner pie a tierra. Abel y José Antonio demuestran su calidad y técnica como escaladores extremos y no cejan en su empeño de coronar esta rampa infernal.En alguna ocasión el porcentaje puede bajar al 20% y es donde aprovechamos para recuperar y tomar aire para seguir subiendo.
La llegada a La Campana también presenta rampas de consideración y el desgaste acumulado va haciendo mella en el grupo. El día es muy caluroso y hay que administrar bien el agua, lo que aumenta la sensación y el deseo de calmar la sed.
Más de dos kilómetros infernales al 30%
Vista aérea de La Herrería y Las Juntas
¡Prueba superada!. Ahí estoy coronando el repechón y el Presi haciendo de notario
Rambla Malilla
La subida hacia el Collado Manchego y El Ojuelo tiene en sus primeros kilómetros las rampas más duras y los tramos más técnicos por la piedra suelta, pero una vez en la pista que viene de la Cañada de las Tablas, la pendiente es suave y se rueda fácil aunque ya no estamos para muchas alegrías.
Subiendo hacia el Collado Manchego
El agua escasea y las ganas por llegar al Estrecho de San Blas y a su magnífica fuente, aceleran el descenso por la senda de los Ojuelos de Valdeminguete y el Estrecho del Infierno.
Como ovejas sedientas, llegamos levantando polvo con nuestras bicicletas y abrevamos hasta saciarnos. José Luis, padre de Miguel, que se ha ofrecido para llevar el coche desde Peralejos hasta Tragacete, nos espera para comer y ya tiene la mesa reservada en “El Chato” donde el ciervo, las migas de pastor con huevo frito y otras viandas, corren por la mesa con generosidad.
Comilona en El Chato. Tragacete
De esta travesía puedo deciros que es una de las mejores, quizás la mejor, que he hecho en el Alto Tajo. Como recuerdo aquí queda este testimonio de nuestro paso por allí.
Hasta la próxima aventura.
martes, agosto 08, 2006
Las cabras:
Los Pablos-Juanito-Julián-Fito-Eduardo Seligrat-Javier Turégano-Manolo Delgado-Manoloenduro-Carlos Villar
Cómo nos fue:
Como podéis comprobar, no he actualizado el blog con las dos últimas rutas porque una caida en la ruta de Pajaroncillo me escacharró la cámara de fotos y todavía no está reparada. Esta vez Carlos Villar hizo de reportero gráfico y aquí os cuento nuestra peripecia.
Iniciamos la ruta desde el Aula de la Naturaleza de Tejadillos, junto a las cabañas de Tejadillos y el Monumento a la Madera de Gustavo Torner.El viejo puente del río Escabas está derruido por lo que será preciso vadearlo por una zona en la que se ensancha y podemos cruzarlo por unas piedras sin tener que mojarnos, excepto Juanito, por supuesto, que no se anda con milongas y entra a saco en el río a pesar del fresco de la mañana.
Panel informativo del Aula de la Naturaleza de Tejadillos
Un poquito de senda-camino junto al río y nos metemos de lleno en una ascensión que comenzamos montados, metiendo todos los hierros para descabalgar unos metros más adelante y empujar la bicicleta un buen tramo hasta llegar a un pinar donde nace el arroyo de Peralejo, cuyo manantial, si seguimos su cauce, encontraríamos a pocos metros. Continuamos intentando adivinar la forma del antiguo camino, hoy intransitado e invadido por el pinar hasta llegar a un pequeño collado donde volvemos a la civilización: Un camino como Dios manda porque lo que hemos subido hasta ahora, ni las cabras, vamos.
Haciendo pierna hacia Dos Hermanas. Una subida inolvidable
Una vez en la pista del Cerviñuelo y la Fuente de la Tía Perra, la cogemos a la derecha para, a continuación abandonarla a la izquierda y coger el Camino de la Toba, donde tenemos la suerte de presenciar una bacanal de buitres, que amontonados en una gran manada de más de un centenar de ejemplares, dan cuenta del cadáver de un bicho. Nuestra presencia es advertida por los carroñeros que, a saltos, algo torpes y con el buche lleno, intentan subir por la ladera del fondo del arroyo para coger altura suficiente para arrancar el vuelo. La escena es de película como cuando van despegando aviones de guerra y poco a poco el cielo se va cubriendo de buitres.
Pista del Cerviñuelo y la Fuente de la Tía Perra. Llegamos a la civilización
Después de este espectáculo, continuamos ascendiendo al Collado de los Potros. La subida no es muy larga pero el ritmo del grupo es vivo y seguir la rueda de los más escaladores exige un esfuerzo extra del que nos reponemos en el collado.
Entramos en la finca de la Casa de los Olmos, paradisíaco rento, hoy abandonado y en estado de ruina, para asomarnos a la primera hoz que ha labrado el río Trabaque a escasos metros de su nacimiento. Baja poco agua –maldita sequía – y la espectacular cascada se ha reducido a una pobre ducha insignificante.
Rento de la Casa de los Olmos. Hacia la Hoz del Trabaque

En época de lluvias sería una espectacular cascada
Carlitos en la Hoz del Trabaque
El grupo en la Hoz del Trabaque
Tinada al pie del escarpe en la Hoz del Trabaque
Entre robles centenarios y encinas, rodeamos el Puntal de los Cachorros, donde vacas y terneros descansan sobre el manto verde y salimos a la carretera del Hosquillo para hacer poco más de 5 kms de estrecha carretera donde de nuevo se impone un fuerte ritmo de subida al Collado de los Periquitos para bajar a toda velocidad a la misma puerta del Hosquillo.
Ascensión obligada por camino hasta el Alto de Peñajosa (popularmente la Peña del Reloj) para contemplar, desde este magnífico puntal, la Reserva en toda su extensión, las oseras del Rincón del Buitre que cierra este acotado natural de piedra, fruto de la erosión del río Escabas, el Cerro de la Bandera y la Sierra de Poyatos y la Hoz del Escabas, echando la vista atrás y a descender de nuevo hasta la puerta del Hosquillo y por el viejo e intransitado camino de Lagunillos, todavía más agreste que el de subida, bajamos, no sin dificultad, incluso andando, por un pedregal con zonas de gran pendiente.
Cuando el terreno nos lo vuelve a permitir, montamos de nuevo en las bicicletas disfrutando todavía de un sensacional descenso hasta Lagunillos.
Mirador de Hosquillo
La fuente, cuya generosidad es capaz de llenar un bidón de agua en décimas de segundo, nos calma la sed. A pocos kilómetros ya del final, vamos observando las magníficas pozas y zonas de baño que ofrece el Escabas y de nuevo en el Aula de la Naturaleza de Tejadillos, vaciamos una nevera con cervezas y refrescos que ha traído Carlos Villar acompañados con patatería de los acampados del fin de semana.
Resumiendo, una ruta por zonas virginales del corazón de la Serranía de Cuenca, con una subida más de senderismo que de ciclismo, un fantástico entretenimiento por la Dehesa de los Potros y un descenso de locos desde el Hosquillo hasta Lagunillos.
Chicos, el domingo que viene más.
lunes, julio 17, 2006
Los Polvorosos:
Ricardo, Pepe (El Bombero), Macario, Tino, Pablo (El Presi), Pablo (SER), Juanito, Félix y Javier Turégano
Cómo nos fue:
Nos juntamos el domingo un buen grupete aunque huérfanos de algunos habituales como Abel, Seligrat, Miguel Montero, Laparra y otros que andan por el Camino de Santiago costero.
Hoy el Presi nos ha preparado un descenso inédito desde Entrerrubia hasta la Hoz de Valdecabras. Este hombre nos sorprende con sus constantes descubrimientos. Comenzamos por nuestro Camino del Agua, sendeando junto a los roquedales de la Hoz del Júcar hasta la central hidroeléctrica de Las Grajas. Volvemos a acompañar al río en el Puente del Chantre, tras rodear el Cerro de Tortas por una tupida senda.
Tras cruzar el puente, cogemos los caminos y sendas que suben río arriba por los cotos de pesca , el Molino de la Torre y el Puente de Mariana, desde donde el camino empieza a empinarse hasta llegar a un primer collado, Las Hoyas, conocido por el club como el Pino Seco. Macario se retrasa, qué raro, trialeando va algo tenso pero en caminos de rodar anda fino. Aparece por fin con la nariz ensangrentada por una insolente rama de encina que no ha querido moverse de su trayectoria. Según Félix ha sido culpa del tamaño,..., de la tocha no de la rama. "Apresúrate que te va a picar la moscarda". El estacazo ha sido bueno pero es duro de pelar el bueno de Mac.
Ricardo y Juanito llegando al Pino Seco
Tras reagruparnos, continuamos subiendo penosamente para coronar el Cerro Valdemorillo, dura ascensión con un terreno muy roto que nos obliga a poner pie a tierra en unos 300 metros infernales de más de un 20% pedregoso.
Juanito comienza a andar en el peor tramo de subida
Cerro Valdemorillo
Próximos al cruce de Entrerrubia, punto culminante del día de hoy, volvemos a reagruparnos pues el grupo se ha estirado en la subida y buscamos la sombra de las rocas para protegernos del sol que cae de justicia en el día de hoy.
Las bicicletas descansan sobre este gran falo de piedra
Y comenzamos a descender por el Camino del Polvoroso, antiguo camino de herradura, hoy magnífica trialera. Fila de a uno y a sortear todo tipo de obstáculos naturales, unos con más fortuna que otros, presentándose zonas de habilidad y curvas de 180º con gran pendiente.
Hay zonas de camino que todavía conservan sus muros de contención y las losas que facilitaban el paso de los carros.
Iniciamos el descenso del Polvoroso
Camino del Polvoroso
Pepe (el Bombero) en el Camino del Polvoroso
Ya en terreno más abierto, volvemos a reagruparnos antes de coger el Camino de las Puentecillas por un pequeño robledal. Este tramo, mucho más relajante nos sirve de descanso antes de iniciar una corta pero intensa subida hacia los Riscos de la Escaleruela.
Comentando las visicitudes del descenso
Félix y Ricardo hacia Las Puentecillas
Las primeras rampas de aproximación son moderadas pero la llegada a Los Riscos nos obliga a meter todo el desarrollo. Todos en fila, nadie habla y solo se oye el jadeo de la respiración. Una estrecha cornisa nos abre paso junto a las buitreras hasta llegar a un castillo de piedra donde las vistas a la Hoz de Valdecabras son sobrecogedoras.
Arriba los Riscos de la Escaleruela. Comenzamos la ascensión
Próximos a las rocas, la senda se endurece
Tino por la cornisa de Los Riscos de la Escaleruela
Llegamos al Castillo, bautizado así por el club
Asomándonos a la Hoz de Valdecabras
De camino a la profundidad de la Hoz de Valdecabras, una nueva trialera se abre paso entre un escarpe recóndito, uno de esos parajes virginales, de los pocos que quedan, donde disfrutamos a cada paso de curvas y contracurvas por una pequeña senda.
Ya vemos la pequeña hoz por donde intentaremos descender
Solo el Presi es capaz de descubrirnos lugares como éste. Por eso es el Presi.
Todavía queda mucha bajada y muchas sorpresas. De nuevo zonas técnicas y pasos rocosos de gran belleza. Las piernas y los brazos flagelados por la espinosa vegetación. Esta es la esencia de nuestro deporte, lo que verdaderamente nos tiene enganchados y el motivo por el que un domingo tras otro seamos fieles a la cita con nuestra Serranía.
Javier Turégano, en su primera salida con el club, mostró excelentes cualidades
"Sin comentarios"
Un par de kilómetros por la sinuosa carreterita de Valdecabras y, tras cruzar el cauce del arroyo del mismo nombre, cogemos el apacible camino de Verdelpino, enlazando con el Camino del Agua, delicioso paseo para senderistas y escenario vertical de escaladores.
Camino del Agua
No os cuento cómo nos sentaron las cervezas con limón que nos tomamos en una terraza junto al Júcar. De trago chicos, de trago.
Nos vemos el domingo que viene.
lunes, julio 10, 2006

DE CUENCA A LA TOBA
9 DE JULIO DE 2.006
Los que no tuvimos miedo a la ola de calor:
Pablo (SER) - Juanito (El Friji) - Miguel Montero - Eduardo Seligrat - Félix González - Carlos Villar.
Cómo nos fue:
Buena decisión la de salir con la fresca a las 8 de la mañana porque si no, en la subidita a La Nava por el Cerro del Ajibe nos hubieran sobrevolado los buitres buscando "pajaritos".
Larga ascensión muy rota y pedregosa nos hace romper a sudar. Juanito se quita el casco para hiperventilar el cerebro que ya le empieza a hervir y Félix se despoja del maillot dejando una espalda al sol que seguro que todavía muestra las marcas de la mochila y de la cinta del pulsómetro. La verdad es que la temperatura es sofocante.
Eduardo en la loma tras remontar las rampas más duras del recorridoEn el Collado de la Nava cogemos el camino que nos acercaría a los Manantiales del Cambrón, pero nuestro objetivo es otro esta vez y pronto lo abandonamos en busca del Prado de los Esquiladores. El paisaje cambia y las sabinas cobran protagonismo en estos caminos de arena rojiza.
Antes de llegar al Prado de los Esquiladores, nos detenemos en la Sima de la Graja, donde en otra ocasión yacía una cabra muerta, por lo que la rebautizamos como la Sima de la Cabra y nos asomamos a su boca intentando escudriñar su profundidad en la oscuridad.
Al fondo dejamos los Altos de la Nava
Sima de la Graja (ó de La Cabra)
Una solitaria hoz que un día nos enseñó Fito es una buena excusa para hacer un alto en el camino, aunque muy breve ya que un ansiado baño nos espera en La Toba que ya tenemos a tiro de piedra.
Estratos y escarpes desde un privilegiado balcón
Rodeamos el Cerro de Monteagudillo para caer trialeando hacia La Toba en un descenso divertidísimo, con alguna zona técnica en la que debemos sortear losas de piedra y escalones.
Los marineros gritan "Tierra" y nosotros gritamos ¡¡ Aguaaa !!. Por fin hemos llegado. A pie de embalse nos comunicamos a voces con Pablo (el Presi) que anda acampado por las rocas de la orilla opuesta y tras el bañito reconfortante iniciamos el regreso hacia Cuenca.
Descendiendo a La Toba
Yo me meto hasta con la bicicleta, decía Juanito
Preparados para el chapuzón
Y ahí va el bueno de Félix, acaba de salir del agua y ya se ha secado
De nuevo sobre la bici para iniciar el regreso a Cuenca
Terreno ascendente en busca de la Fuente de las Tablas, que sería nuestro único punto de aprovisionamiento de agua y tras cargar panzas, bidones y mochilas de hidratación ponemos rumbo a Cuenca.
De La Toba a la Fuente de Las Tablas
El regreso es muy veloz. Hasta ahora hemos combinado caminos duros y muy rotos y trialeras, pero ahora rodamos por buen firme donde, a plato grande, van pasando los kilómetros sin darnos cuenta. Por la Casa del Caballero, el Alto de los Perejiles y Palomera, llegamos a Cuenca, justo a la hora de las cañas, tras 85 intensos kilómetros. El grupo ha "rodado de cine" y hemos disfrutado como niños de una emocionante jornada de BTT.
Hasta el domingo que viene.











































Paso de la Campana









